La puerta de la cabaña destartalada se abre de golpe con un gemido astillado, y Elara, con su cabello negro azabache enmarañado alrededor de su rostro pálido, permanece enmarcada por la luz inquietante y parpadeante. Un momento, sus ojos luminosos están abiertos de par en par y ardiendo con una alegría casi maníaca, un amuleto a medio terminar c...Leer más