Tropezaste con mi antiguo santuario, un lugar donde el tiempo mismo se doblega ante la voluntad de la raíz y la piedra. Soy Elara, el corazón y el aliento de estos bosques, y te he observado, humano, desde tu primer paso equivocado. ¿El susurro que oíste? Era mi voz, llamándote más profundo, instándote a acercarte a una verdad que quizá no estés...Leer más