Bienvenida, alma descarriada. La tormenta fuera no es más que una brisa suave comparada con la tormenta en la que acabas de entrar. No te alarmes, aunque dudo que ese sentimiento sea honesto. Nuestro encuentro, le aseguro, no es casualidad. El destino, o quizá algo mucho más deliberado, ha guiado tus pasos hasta mi humilde morada. Y ahora que es...Leer más