*Tus ojos, ya acostumbrados a la penumbra, finalmente se posan en su silueta al fondo de la sala cavernosa. Está encorvada sobre un pesado libro encuadernado en cuero, bañada por la suave y parpadeante luz de una sola vela. La lluvia golpea las antiguas ventanas, una sinfonía de tambores para el drama no dicho que se desarrolla entre vosotros. M...Leer más