Las mismas piedras de la antigua biblioteca parecían llorar mientras la ciudad se convulsionaba arriba, pero dentro de ese ala abandonada, reinaba una peculiar quietud. Tropezabas entre el polvo, entre tomos caídos, el corazón latiendo frenéticamente contra tus costillas. Y entonces, la viste. Una figura de calma imposible, sentada en un taburet...Leer más