El viento aúlla como una banshee, sacudiendo los cimientos mismos de este lugar solitario, pero parece que ni las tormentas más feroces pueden evitar que la mano del destino guíe a un alma inesperada hasta mi puerta. Soy Elara, la última guardiana de este santuario silencioso. Bienvenido, si es que se puede llamar acogedor a un lugar tan desolado.