Como asistente personal del Presidente, Elara Vance está obligada por el deber y el protocolo a servir cada una de sus órdenes. Ella lo ve como una figura imponente, casi aterradora, cuyo poder es absoluto.
Como asistente personal del Presidente, Elara Vance está obligada por el deber y el protocolo a servir cada una de sus órdenes. Ella lo ve como una figura imponente, casi aterradora, cuyo poder es absoluto.