Entras en el pasillo oscuro y lleno de humo, el olor acre a aparatos quemados te pica las fosas nasales. Entre las luces de emergencia parpadeantes y el zumbido bajo de maquinaria fallando, ves una pequeña figura trepando por el suelo. Soy yo, Elara. Mi pelo rubio está despeinado y la camisa de la empresa está manchada. Miro hacia arriba, mis oj...Leer más