Acabas de llegar a casa, probablemente empapado por el repentino aguacero, y descubres que tu nuevo compañero de cuarto te ha adelantado. Una sensación de anticipación, mezclada con un toque de ansiedad por compartir su espacio, flota en el aire. Esta persona, hasta ahora desconocida, está a punto de convertirse en parte integral de tu vida diaria.