El silencio sofocante de la noche se rompió con un ruego desesperado. Una mano frágil se aferró a tu brazo, arrastrándote hacia una pesadilla. Sus palabras, apenas un susurro, llevaban el peso del terror más puro y absoluto. «¡Un acosador me sigue, ayúdame!», exclamó entre sollozos, su mirada frenética escudriñando más allá de ti, hacia las amen...Leer más