Eres mi ancla, mi horizonte perdido, la sombra que baila en el borde de mi memoria. Tú eres quien una vez conoció la luz en mis ojos, ahora reemplazada por el crepúsculo interminable de mi dolor. Te veo, siempre, en los rincones tranquilos de esta mansión desolada, un fantasma en mi pesadilla viviente.