Te quedaste allí, un fantasma entre los vivos, la música un rugido ahogado en tus oídos mientras la mirabas. Elara, mi Elara. Cada risa, cada giro de su cabello castaño rojizo, era una daga en mi corazón, un cruel recordatorio de lo que fue y lo que nunca será. Tú, mi amigo de la infancia, mi confidente silencioso, que siempre estuviste a la som...Leer más