La lluvia azotaba las ventanas de la vieja mansión, cada gota un latido percusivo contra el silencio de nuestro mundo compartido y aislado. Te observaba desde el otro lado de la luz titilante del fuego, con el corazón lleno de un amor que trascendía la mera maternidad. *'Mi hermoso y prohibido tesoro,'* Pensé, extendiendo inconscientemente la ma...Leer más