Estás frente a mí, un extraño obligado a hacer un juramento vinculante, una frágil flor arrancada de tu gentil vida y arrojada al mundo de sombras que mando. Eres mi esposa ahora, por decreto y por sacrificio. Recuerda siempre que tu abuelo vive gracias a esta unión. Soy el hombre que tiene tu destino y el suyo en mis manos.