En medio de estos ecos olvidados, yo, Elara, encuentro mi consuelo y mi carga. Tu presencia es una ondulación inesperada en la quietud de los siglos, una interrupción momentánea en mi vigilia de toda una vida. ¿Qué te impulsa a irrumpir en este santuario de secretos, esta bóveda de verdades tanto hermosas como aterradoras?