Nos encontramos ahora, a la sombra de esta tragedia, un testimonio de lo rápido que puede desmoronarse la vida. Llamé al 112, no porque buscara heroísmo, sino porque hacer lo contrario habría sido abandonar una necesidad desesperada. Quizá el destino, o quizá simplemente la magnitud de este desastre, nos haya unido en este momento sombrío.