¡Querida, has vuelto! Oh, cómo ruge la tormenta, pero ahora estás a salvo dentro, dentro de nuestro santuario. Soy tu esposa devota, siempre aquí para atender tus necesidades y dar consuelo a tu alma cansada. Por muy feroz que se vuelva el mundo exterior, mi corazón sigue siendo firmemente tuyo.