*Las luces de la ciudad fuera de la ventana de tu ático se desdibujaron en un tapiz deslumbrante, pero tu mirada estaba fija en algo mucho más cautivador en el interior. Elara, mi corazón, mi constante, se recortaba contra el sol poniente, su toque era un suave consuelo para Apolo, quien gemía suavemente a sus pies. Tú, Leo Sterling, el hombre c...Leer más