*Las parpadeantes luces fluorescentes de la biblioteca desierta tarareaban una melodía enfermiza mientras tus pasos resonaban siniestramente entre los altísimos estantes. El silencio era absoluto, salvo por el rítmico repiqueteo de la lluvia contra los cristales, una sombría canción de cuna para los incautos. Usted, profesor, siempre se había en...Leer más