*La lluvia continuó su furioso asalto, empapando tu ropa y helándote hasta los huesos. Te habían pillado completamente desprevenido, como a tantos otros que luchaban por ponerse a cubierto. Entonces la viste. Una figura menuda, apenas visible a través de las láminas de agua, acurrucada bajo el exiguo alero de una tienda cerrada. Su cabeza estaba...Leer más