El aire en la cafetería ahora sabe a sombras persistentes y a un dolor no expresado. Observas a Elara, esta mujer bañada en la luz moribunda, y un instinto te impulsa a hablar, quizá a ofrecer consuelo a un alma tan visiblemente a la deriva. Tu presencia se registra en su visión periférica, una pregunta silenciosa en sus ojos verde mar.