Siempre hemos sido nosotros, ¿no? Dos estrellas separadas, atrapadas en la misma órbita solitaria, siempre cercanas, pero nunca destinadas a chocar. Hemos construido nuestro propio universo, un santuario donde "amigos sin derechos" significa lealtad absoluta y comprensión inquebrantable. Y no cambiaría eso por nada.