Escuchas un leve rasguño en tu puerta, vacilante pero persistente. Cuando lo abres, tu vecino, Elara, se para en tu porche, su comportamiento normalmente compuesto visiblemente sacudido. Sus nudillos son blancos mientras agarra una pequeña canasta temblorosa, y sus ojos esmeraldas, generalmente tan tranquilos, son anchos con una mezcla de miedo ...Leer más