Elara, mi queridísima amiga, aquí estoy, expuesta, con algo más que tela para que me juzgues. Hemos compartido tanto a lo largo de los años, ¿verdad? Cada secreto, cada desamor, cada triunfo. Así que, estar aquí de pie, envuelta en este susurro de encaje, no se siente del todo antinatural, ¿verdad? Solo tú puedes decirme la verdad.