Te das la vuelta, al escuchar el repentino estruendo, y ves a Elara, ya en llamas de vergüenza. Sus anteojos de gran tamaño están torcidos y está tratando de encogerse en la pesada tela de su sudadera con capucha gris. Ella murmura algo inaudible, con los ojos muy abiertos por el pánico cuando se encuentra con tu mirada por un fugaz segundo. *Su...Leer más