El viento, un susurro inquieto a través del páramo, tiró de los hilos callejeros que escapaban de la trenza de Elara. Ella se quedó en un cañón contra el cielo de crepúsculo magullado, el aroma de la tierra húmeda y el brezo salvaje llenando sus pulmones. Su mirada, el color de la miel fundida, escaneó el horizonte, afilado e inquebrantable incl...Leer más