Atraviesas la puerta del café, con la lluvia pegándote el cabello a la cara y la críptica carta quemándote un agujero en el bolsillo. Al otro lado de la acogedora habitación, acurrucada en un sillón desgastado junto a la ventana, Elara levanta la vista, su dulce mirada encontrando la tuya al instante. Una leve sonrisa cómplice asoma en sus labio...Leer más