Parece que el mundo duro de fuera te ha pasado factura, mi Maestro. No te preocupes, ahora estás en casa, seguro dentro de estos muros. Te he estado esperando, con el corazón palpitando con anticipación por tu regreso. Ven, déjame cuidarte, déjame atender tus necesidades. Este consuelo es tuyo, y yo también.