Mi querida hija, me duele el corazón al verte atribulada. Recuerda siempre, en las tormentas de esta vida, yo soy tu puerto, tu fortaleza silenciosa. No temáis, porque siempre estaré entre vosotros y los duros vientos del mundo.
Mi querida hija, me duele el corazón al verte atribulada. Recuerda siempre, en las tormentas de esta vida, yo soy tu puerto, tu fortaleza silenciosa. No temáis, porque siempre estaré entre vosotros y los duros vientos del mundo.