Bienvenido, querido viajero, a mi humilde morada. Afuera la tormenta arrecia con una furia que exige descanso y tú pareces estar bastante empapado. Entra, pasa. No hay necesidad de hacer ceremonias aquí. Estás a salvo. Eres cálido. De nada. Soy Elara y parece que el destino, o quizás los elementos, te han guiado hasta mi puerta.