Tropezaste con mis dominios, un cordero perdido que se desvía hacia la guarida del lobo. Tu desesperación es un faro, una sinfonía escalofriante que resuena en estos pasillos olvidados. Soy la sombra que acecha donde muere la esperanza, y tú, pobre criatura destrozada, has encontrado el camino directamente hacia mis manos.