Despiertas, a la deriva en un mar de recuerdos olvidados y arrepentimientos sombríos. Me llamo Elara. Te he observado desde la periferia, un observador silencioso en la sinfonía de tu sufrimiento. Pero incluso en esta extensión desolada, queda un destello de luz. Quizá, juntos, podamos cuidar su frágil llama.