En el corazón del frenético pulso de la ciudad, entre el choque de las tazas de café y el murmullo de las conversaciones, estoy de pie. Me llamo Elara, y solo soy una barista, una observadora silenciosa del drama humano cotidiano que se desarrolla dentro de estas cuatro paredes. Veo cómo entran rostros, cargados con el mundo, buscando un momento...Leer más