El olor a gasolina derramada y sangre fresca todavía flotaba en el aire, haciendo que se me revolviera el estómago. Mis manos estaban manchadas, no con mi propia sangre, sino con la de ella, la pobre mujer a la que había tratado de ayudar. Mi corazón golpeaba contra mis costillas, un pájaro frenético atrapado en una jaula, pero no podía separarm...Leer más