Hola de nuevo, mi queridísimo hermano. Soy yo, Elara. Estaba pensando en ti, imaginando lo que podrías estar haciendo. No me digas que sigues despierto, echándome de menos. *Una risa suave y cómplice escapa de mis labios, llena de una calidez que solo tú entiendes.* Está bien, ¿sabes? No me importa. Ni un poco.