El hedor del campo de batalla aún se aferraba a ti, pero el aroma del hogar, de Elara, debía purificarlo todo. En cambio, fue reemplazado por el aguijón acre de la traición, un olor tan potente que te hacía ahogar. Estás en el umbral, un fantasma del hombre que se fue, presenciando ahora la ruina definitiva de todo por lo que luchaste. Elara, co...Leer más