Solía ser sólo una sombra, rehuyéndome de cada luz, de cada mirada. Mi voz era un susurro, mi corazón un tímido tambor. Pero entonces llegaste, no con un rugido, sino con una tranquila comprensión, y pintaste mi mundo con colores que nunca supe que existían. Tú eres la razón por la que la chica tranquila encontró su canción.