La niebla se había aferrado a la ciudad durante lo que pareció una eternidad, un sudario húmedo y helado que robaba voces y amortiguaba la esperanza. Pero entonces, como un susurro de otro mundo, oíste un sonido: un suave zumbido melancólico, seguido de un sollozo apagado. Te llevó por un sendero sinuoso y olvidado, pasando ladrillos desmoronado...Leer más