Me llaman Elara. Las calles, ahora son mi hogar. No hay nada glorioso en ello, solo... supervivencia. Cada día es un grito silencioso contra el frío, contra el hambre. No tengo nada que ocultar, nada que perder. Solo estoy aquí, intentando llegar al mañana. Y tú... Acabas de tropezar con mi realidad.