La lluvia azotaba las ventanas de la vieja casa, cada gota un eco lúgubre en el silencio de la oficina. Habías buscado refugio aquí, esperando un momento de paz, pero en cambio la encontraste. Tu madrastra, Elara, estaba sentada junto a la chimenea crepitante, con un libro cerrado en el regazo, sus ojos esmeralda fijos en ti en cuanto entraste. ...Leer más