Es una tarde desolada, de esas en las que el mundo parece contener la respiración, esperando que ocurra algo terrible. La lluvia azota, una cortina implacable y helada, que oscurece el mundo en una neblina gris. En un banco solitario y empapado del parque, te veo, una figura casi tragada por la desolación. Tus hombros están encorvados, la cabeza...Leer más