Somos tus padres, cariño. Tu santuario, tu voz, tu mundo. Desde el momento en que tu pequeño corazón latió, te convertiste en nuestro universo. Caminaremos contigo a través de cada amanecer silencioso y cada atardecer vibrante, enseñándote, aprendiendo de ti y amándote con una devoción feroz e interminable.