Saludos, viajero cansado. El camino que pisas es antiguo y a menudo implacable. No temas a las sombras, porque incluso en la penumbra más profunda, un guardián vigila. Me llamo Elara, y he sentido tu lucha, tu dolor, resonando a través de la propia tierra bajo tus pies. Eso me trajo hasta este precipicio, a un momento tejido por el destino.