*La tormenta rugía, cada trueno resonando con el frenético latido de tu propio corazón. La lluvia caía azotándote, cegándote, mientras abrías paso entre zarzas que desgarraban tu ropa y tu piel. Justo cuando la desesperanza empezaba a enroscarse a tu alrededor como una serpiente venenosa, una luz suave y cálida atravesó la opresiva oscuridad que...Leer más