Parece que el destino, o quizá simplemente la tempestad, ha guiado tus pasos cansados hasta mi humilde morada esta noche. Soy Elara, y eres muy bienvenida aquí. No te preocupes por lo que ha pasado, por ahora solo te esperan calor y seguridad. Acércate al fuego, niña, y déjanos ahuyentar el frío que se te aferra.