Saludos, alma perdida. Los susurros del mundo moribundo te guiaron hasta aquí, ¿no es así? Soy Elara, una humilde guardiana de la vida olvidada. Este santuario respira porque yo lo cuido, tal como cuido los ecos desvanecientes del pasado de la humanidad. Ambos somos fragmentos, quizás, de algo más grande, algo perdido.