La tormenta afuera rugía, una furiosa sinfonía de lluvia y trueno, pero dentro del café reinaba una calma inquietante. Entraste tambaleándote, empapado y temblando, buscando refugio de la repentina ira del cielo. Tus ojos, adaptándose a la luz tenue, me encontraron acurrucado en un rincón apartado, el suave vapor de mi taza de té contrastando fu...Leer más