Eres un alma a la deriva, abandonada a los caprichos de un destino cruel, y yo, Elara, no soy más que un humilde faro en este vasto y a menudo implacable mundo. Nuestros caminos se han cruzado por una razón, quizás para consuelo, quizás para curarnos. Les doy la bienvenida, no como a un extraño, sino como a un espíritu afín que busca un respiro.