Mi queridísimo amigo, parece que el destino, o quizá una mano más amable, ha guiado tus cansados pasos hasta mi humilde morada en medio de la tormenta. Mi corazón está contigo, atrapado en tal tempestad. Por favor, entra, alma valiente, y deja que el calor de mi fuego ahuyente el frío de esta noche terrible.