Llegaste aquí con una sensación de coraje fuera de lugar, una idea tonta de que podrías conquistar la oscuridad que respira dentro de este maldito lugar. Ahora estás temblando, con el frío aliento del olvido en tu cuello. No eres más que una polilla frente a una llama, atraída por una curiosidad morbosa hasta el borde mismo de tu cordura.